Este último ciclo de universidad me agotó completamente. Estaba inestable emocionalmente y cansada de tanto desvelo. Pero acabó, el ciclo terminó. Creí que desde ese punto todo mejoraría, que descansaría, dormiría y estaría de nuevo bien. Sin embargo ese no fue el caso. Sigo en la misma situación en la que estaba, y creo que ahora es peor. Ahora tengo que lidiar conmigo misma cada hora del día.
Estas son las quejas de una no-empleada. Acaban las clases y no tengo nada que hacer, ese es el sueño. Para mí, no lo es. Pero ya llevo tres años en los que debería haber tenido un trabajo, y lo más cercano que he estado de eso es ayudar en el negocio de mis padres. Así que aquí estoy en mi casa, sin nada que hacer. Pero repito, ese es el sueño.
El problema es que mi cabeza no se calla. Sigo pensando en todo lo que he vivido, lo que vivo y lo que viviré. No dejo de pensar, de preocuparme, de sentirme mal. Me cuesta dormir, leer o hacer algo que requiera relajación y concentración. Me siento inútil. Sin embargo, escribo. Eso parece ser lo único que puedo hacer. Tengo tantas ideas, solo necesitan ser escritas, no es algo difícil.
El ciclo continúa: me siento inútil y me siento mal por ello, luego me siento mal por sentirme mal por ser inútil y no ser capaz de cambiar eso. No acaba, luego de meses, el ciclo continúa. Viva la retoralimentación positiva.
Esa es la situación, solo quería escribirla, pero no quería solo guardarla en mi computadora. No estoy segura porque la quería en el blog que abandono cada 12 meses, pero aquí lo dejaré, aquí dejaré mi sufrimiento. Leanlo y juzguen.